sábado, 22 de mayo de 2010

Ven, Santo Espíritu

Ven, Santo Espíritu
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

viernes, 21 de mayo de 2010

Pentecostés

Siguiendo con el impulso de la entrada anterior, te comparto algunos textos del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la Fiesta del Domingo: Pentecostés.

Pentecostés

731 El día de Pentecostés (al término de las siete semanas pascuales), la Pascua de Cristo se consuma con la efusión del Espíritu Santo que se manifiesta, da y comunica como Persona divina: desde su plenitud, Cristo, el Señor (cf. Hch 2, 36), derrama profusamente el Espíritu.


732 En este día se revela plenamente la Santísima Trinidad. Desde ese día el Reino anunciado por Cristo está abierto a todos los que creen en Él: en la humildad de la carne y en la fe, participan ya en la comunión de la Santísima Trinidad. Con su venida, que no cesa, el Espíritu Santo hace entrar al mundo en los "últimos tiempos", el tiempo de la Iglesia, el Reino ya heredado, pero todavía no consumado:
«Hemos visto la verdadera Luz, hemos recibido el Espíritu celestial, hemos encontrado la verdadera fe: adoramos la Trinidad indivisible porque ella nos ha salvado» (Oficio Bizantino de las Horas. Oficio Vespertino del día de Pentecostés)


Sobre la misión del Espíritu en el hoy de nuestras vidas y en la familia que somos, la Iglesia.

El Espíritu Santo y la Iglesia

737 La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Esta misión conjunta asocia desde ahora a los fieles de Cristo en su comunión con el Padre en el Espíritu Santo: El Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y su Resurrección. Les hace presente el misterio de Cristo, sobre todo en la Eucaristía para reconciliarlos, para conducirlos a la comunión con Dios, para que den "mucho fruto" (Jn 15, 5. 8. 16).

738 Así, la misión de la Iglesia no se añade a la de Cristo y del Espíritu Santo, sino que es su sacramento: con todo su ser y en todos sus miembros ha sido enviada para anunciar y dar testimonio, para actualizar y extender el Misterio de la Comunión de la Santísima Trinidad:
«Todos nosotros que hemos recibido el mismo y único espíritu, a saber, el Espíritu Santo, nos hemos fundido entre nosotros y con Dios. Ya que por mucho que nosotros seamos numerosos separadamente y que Cristo haga que el Espíritu del Padre y suyo habite en cada uno de nosotros, este Espíritu único e indivisible lleva por sí mismo a la unidad a aquellos que son distintos entre sí [...] y hace que todos aparezcan como una sola cosa en él . Y de la misma manera que el poder de la santa humanidad de Cristo hace que todos aquellos en los que ella se encuentra formen un solo cuerpo, pienso que también de la misma manera el Espíritu de Dios que habita en todos, único e indivisible, los lleva a todos a la unidad espiritual» (San Cirilo de Alejandría).


739 Puesto que el Espíritu Santo es la Unción de Cristo, es Cristo, Cabeza del Cuerpo, quien lo distribuye entre sus miembros para alimentarlos, sanarlos, organizarlos en sus funciones mutuas, vivificarlos, enviarlos a dar testimonio, asociarlos a su ofrenda al Padre y a su intercesión por el mundo entero. Por medio de los sacramentos de la Iglesia, Cristo comunica su Espíritu, Santo y Santificador, a los miembros de su Cuerpo.

740 Estas "maravillas de Dios", ofrecidas a los creyentes en los Sacramentos de la Iglesia, producen sus frutos en la vida nueva, en Cristo, según el Espíritu.

741 "El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables" (Rm 8, 26). El Espíritu Santo, artífice de las obras de Dios, es el Maestro de la oración.

Sus frutos y dones. (Del Compendio del Catecismo)

LOS DOCE FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

1. Amor - 2. Alegría - 3. Paz - 4. Paciencia - 5. Longanimidad - 6. Bondad - 7. Benignidad - 8. Mansedumbre - 9. Fe - 10. Modestia - 11. Continencia - 12. Castidad.


Para este Pentecostés pido a nuestro Padre Dios derrame sobre nosotros, como aquella primera vez, abundantemente su Espíritu Santo; Espíritu de alegría, de amor y de paz; que concede un gran corazón, nos hace afables, bondadosos y nos llena de confianza; nos ayuda a permanecer pacificados y tener dominio de sí. (cf Gal 5, 22)

LOS SIETE DONES DEL ESPÍRITU SANTO

1. Sabiduría - 2. Entendimiento - 3. Consejo - 4. Fortaleza - 5. Ciencia - 6. Piedad - 7. Temor de Dios.

CREO EN EL ESPÍRITU SANTO

¡Ven, Espíritu Santo,

y enciende en nosotros el fuego de tu amor!
Espíritu vivificador llénanos con tu presencia. Enséñanos a orar, ayúdanos a permanecer en el Amor, en el de Jesús. Enséñanos a construir la paz. Enséñanos a vivir como hermanos con sentimientos de verdadera sinceridad y generoso cuidado entre nosotros, a nosotros que somos por pura gracia hijos todos del Padre eterno en Jesús, el predilecto, el amado.

Les comparto un breve texto del Catecismo de la Iglesia Católica (nn 683-686) para leerlo en el Espíritu, en Él nos habla aquí la Iglesia.

Creo en el Espíritu Santo
"Nadie puede decir: "¡Jesús es Señor!" sino por influjo del Espíritu Santo" (1 Co 12, 3). "Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre!" (Ga 4, 6). Este conocimiento de fe no es posible sino en el Espíritu Santo. Para entrar en contacto con Cristo, es necesario primeramente haber sido atraído por el Espíritu Santo. Él es quien nos precede y despierta en nosotros la fe. Mediante el Bautismo, primer sacramento de la fe, la vida, que tiene su fuente en el Padre y se nos ofrece por el Hijo, se nos comunica íntima y personalmente por el Espíritu Santo en la Iglesia:
El Bautismo «nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo. Porque los que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Verbo, es decir al Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el Padre les concede la incorruptibilidad. Por tanto, sin el Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el Hijo, nadie puede acercarse al Padre, porque el conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo» (San Ireneo de Lyon).
El Espíritu Santo con su gracia es el "primero" que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva que es: "que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo" (Jn 17, 3). No obstante, es el "último" en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad. San Gregorio Nacianceno, "el Teólogo", explica esta progresión por medio de la pedagogía de la "condescendencia" divina:
«El Antiguo Testamento proclamaba muy claramente al Padre, y más obscuramente al Hijo. El Nuevo Testamento revela al Hijo y hace entrever la divinidad del Espíritu. Ahora el Espíritu tiene derecho de ciudadanía entre nosotros y nos da una visión más clara de sí mismo. En efecto, no era prudente, cuando todavía no se confesaba la divinidad del Padre, proclamar abiertamente la del Hijo y, cuando la divinidad del Hijo no era aún admitida, añadir el Espíritu Santo como un fardo suplementario si empleamos una expresión un poco atrevida ... Así por avances y progresos "de gloria en gloria", es como la luz de la Trinidad estalla en resplandores cada vez más espléndidos» (San Gregorio Nacianceno).
Creer en el Espíritu Santo es, por tanto, profesar que el Espíritu Santo es una de las personas de la Santísima Trinidad Santa, consubstancial al Padre y al Hijo, "que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria" (Símbolo Niceno-Constantinopolitano). Por eso se ha hablado del misterio divino del Espíritu Santo en la "teología trinitaria"Dios en sí mismo»), en tanto que aquí no se tratará del Espíritu Santo sino en la "Economía" divina Dios en relación a nosotros»).
El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo del designio de nuestra salvación y hasta su consumación. Pero es en los "últimos tiempos", inaugurados con la Encarnación redentora del Hijo, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona. Entonces, este designio divino, que se consuma en Cristo, "Primogénito" y Cabeza de la nueva creación, se realiza en la humanidad por el Espíritu que nos es dado: la Iglesia, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, la vida eterna.

sábado, 8 de mayo de 2010

Homilía del Cardenal Bergoglio en Luján

Con la alegría de la Fiesta, resonando entre Luján y la Eucaristía, gozosa, que celebramos en la Capilla Santa Clara de Asís aquí cerca de la Parroquia esta tarde, y dando vueltas la esperanza renovada en el corazón, posteo la Homilía del Cardenal Primado, el padre Obispo de la Arquidiócesis de Bs As Jorge Bergoglio, en la Misa por el Bicentenario de nuestra Patria, en la explanada de la Basílica de Luján.

Aquí en Luján hubo un gesto de la Virgen y nos hace bien recordarlo: en 1630 una pequeña imagen de la Pura y Limpia Concepción, se quedó. Iba a otra parte la caravana, pero la Virgen provocó la parada.


Desde ese momento en este lugar hubo visitas, peregrinaciones, encuentros con la Virgen. Desde ese momento la Patria tuvo madre. La imagen, al principio, estaba en una taperita, después una iglesia... y hoy la Basílica tan linda y tan cuidada.


Aquí aprendimos a detenernos y recibir vida. Aquí junto a la Madre de Jesús venimos a descansar, a confiarle la vida de otros, la vida que muchos fueron cargando en la peregrinación, en el silencio y la oración por el camino. Aquí el pueblo sencillo y creyente de nuestra patria fue creciendo también en algo tan característico del lugar: la solidaridad y la fraternidad. Y con este modo simple, de encuentro y silencio armó nuestra Madre el santuario: esta es la Casa de los argentinos. La Patria, aquí, creció con la Virgen; la Patria aquí tiene a su madre.


¡En esta su Casa de Luján cuántos vinieron a recibir la fe en el bautismo, a cumplirle promesas o a confiarle su necesidad, sus dolores o sus problemas! Por el templo anterior a esta Basílica, cuando la Patria empezaba, pasaron San Martín y Belgrano al principio y al final de sus campañas. Pasaron ellos, como muchos, en medio de la gloria, y cuando quedaron solos y olvidados, le confiaron su tristeza. Sabían que la Patria tenía Madre.


Hoy es su fiesta, al celebrarla a Ella que recoge las visitas y las oraciones de los hijos, le pedimos aprender a ser como el Negro Manuel, silenciosos observadores de la vida y el camino de esta Patria, y a rezar por ella con la fidelidad del pueblo que intuye esta presencia de madre y por eso confía. Somos parte de esta historia del milagro que continúa y se sigue escribiendo. A ella también le pedimos la gracia de saber trabajar por la Patria, hacerla crecer en la paz y concordia que nos da el sentirnos hermanos, desterrando todo odio y rencor entre nosotros.


En este lugar tan santo, lleno de fe y esperanza, pedimos hoy a la Madre que cuide a nuestra Patria. En particular a aquellos que son los más olvidados, pero que saben que aquí siempre hay lugar para ellos. Así fue desde el principio: la Virgen cuidó desde muy adentro del corazón a esta Patria, comenzando desde los más pobres, los que para los suficientes no cuentan... pero aquí sí que son tenidos en cuenta. Por ello a los hijos de la Virgen de estas tierras nunca les falta la protección de nuestra Madre.


En Luján hay un signo para nuestra Patria: todos tienen lugar, todos comparten la esperanza y todos son reconocidos hijos. Hoy vinimos a rezar en esta fiesta de la Virgen, en este año Bicentenario, porque aquí crecimos y aquí nuestra Patria siempre tuvo una bendición, porque tiene una madre. No tenemos derecho a aguacharnos, a bajar los brazos llevados por la desesperanza. Recuperemos la memoria de esta Patria que tiene madre, recuperemos la memoria de nuestra Madre. Miremos a la Virgen y pidámosle que no nos suelte de su mano. Gracias Madre por quedarte con nosotros.


Esta última oración “Gracias Madre por quedarte con nosotros” la repitió tres veces y con él los fieles a coro.

Nuestra Señora de Luján

NUESTRA SEÑORA
DE LA PURA Y LIMPIA CONCEPCIÓN DEL RÍO LUJÁN


HIMNO

Tú eres toda hermosa,
¡oh Madre del Señor!;
tú eres de Dios gloria,
la obra de su amor.


¡Oh rosa sin espinas,
oh vaso de elección!
de ti nació la vida,
por ti nos vino Dios.


Sellada fuente pura
de gracia y de piedad,
bendita cual ninguna,
sin culpa original.

Infunde en nuestro pecho
la fuerza de tu amor,
feliz Madre del Verbo,
custodia del Señor. Amén.


De la relación del mercedario fray Pedro Nolasco de Santa María
(Año 1737: Archivo de la Basílica nacional de Luján)

ORIGEN DE LA ADVOCACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LUJAN

En aquel tiempo que el reino de Portugal y el de Castilla se gobernaban por una Corona, con el mucho comercio que tenía esta ciudad con el Brasil, un portugués, vecino de Córdoba, que fundó la hacienda de Sumampa, pidió a un paisano suyo le trajese del Brasil una imagen pequeña de la Concepción, para colocar en una capilla que estaba fabricando en dicha su hacienda; y con este encargue le remitieron a un mismo tiempo dos, las cuales, encajonadas, cargó en su carretón. Y llegando al río de Luján hizo noche en lo de un paisano suyo, llamado fulano Rosendo.
Queriendo proseguir su viaje, uncidos los bueyes por la mañana, no pudieron mover dicho carretón; por cuya causa le volvieron a descargar, y entonces le movieron los bueyes sin alguna dificultad. Y admirados todos de este prodigio, le preguntaron qué llevaba en la carga, que allí se había descargado, que pudiese servir de impedimento a su viaje; y él respondió que no llevaba cosa de impedimento, antes sí dos imágenes para darles culto.
Y determinaron se embarcase en el carretón los dos cajoncitos de las imágenes e hiciesen caminar el carretón; y se hallaron con el impedimento primero; a que empezó a exclamar el devoto portugués a la Virgen Santísima que bien sabía el efecto, para qué la llevaba, que era para colocarla en la capilla que en su nombre tenía fabricada; y, persuadiéndole a que sacase él un cajón y dejase el otro, probaron a que caminase el carretón, y no se pudo mover de su lugar; volvieron a hacer la diligencia de sacar el cajón que había quedado y cargar el que habían bajado, y entonces se movió dicho carretón sin impedimento alguno; quedando el dueño muy contento con la imagen que se llevo, dejando la otra en el paraje, donde le mostraba quererse quedar.
Ésta es la imagen de Nuestra Señora de Luján, que estuvo muchos años en lo de dicho Rosendo, en un oratorio muy corto, y muy venerada la imagen de todo el pago. y dicho Rosendo dedicó un negro, llamado Manuel, al culto de dicha imagen, quien cuidaba de la lámpara de dicha Señora, que incesantemente ardía.
Y con el trascurso del tiempo y muerto el dueño de aquella estancia vino a quedar en casi despoblado. Y por ser mucha la frecuencia de devotos, que acudían movidos de sus muchos milagros, y no tener en dicha estancia dónde albergarse, pidió una señora. doña Ana de Matos, le diesen dicha imagen que la llevaría a su hacienda, que estaba en dicho río y colocóla en un oratorio; y con la asistencia y fervor del capellán don Pedro Montalbo y del mayordomo, don Manuel Casco de Mendoza, se enfervorizó la devoción de todo el pago y aun de las provincias remotas y se pusieron a fabricar la capilla, que hasta hoy permanece.


Responsorio

R. Dichosa eres, santa Virgen María, y digna de toda alabanza. * De ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios, por quien hemos sido salvados y redimidos. Aleluya.
V. Celebremos con gozo esta fiesta de santa María Virgen.
R. De ti nació el sol de justicia. Cristo, nuestro Dios, por quien hemos sido salvados y redimidos. Aleluya.


PRECES

Elevemos nuestras súplicas a Cristo, el Salvador del mundo que quiso darnos todos los bienes por mediación de María, y digámosle:

Escucha, Señor, nuestras plegarias.

Bendito seas, Señor, que en tu inmensa bondad quisiste que tu Madre pusiera su trono en nuestras pampas, a orillas del río Luján, mira a tu pueblo que clama a ti y concédele los dones de la prosperidad y la paz.

Bendito seas, Señor, que quisiste mostrar tus favores primero a los humildes y sencillos, alivia a los necesitados, da pan a los hambrientos, consuelo a los afligidos, salud a los enfermos.

Bendito seas, Señor, que quisiste darnos un ejemplo de fidelidad y piedad en la persona del negro Manuel, haz que imitemos su sencillez y sepamos ser serviciales con nuestros hermanos.

Bendito seas, Señor, que por María abriste en Luján una fuente de gracia y bendición, mira a tu Iglesia, a nuestro santo padre, el papa Benedicto XVI , a nuestros obispos, sacerdotes, gobernantes y pueblo, y conserva a todos en la unidad de la fe y la caridad.

Bendito seas, Señor, que constituiste a tu Madre señora y protectora de nuestra Patria, que su patrocinio nos alcance en la tierra los bienes que necesitamos y que un día gocemos de las alegrías eternas del cielo.

"Soy de la Virgen, nomás"

EL NEGRO MANUEL

Rosendo [el paisano de Luján, amigo del cordobés que encargó la imagen de la Virgen] dedicó un negro llamado Manuel al culto de la Imagen quien había sido testigo del milagro. Hacia el año 1638 Manuel contrae matrimonio con una mujer criolla, llamada Beatriz, esclava de la familia González Filiano. El matrimonio fue celebrado en la humilde Ermita de la Concepción del río Luján. Beatriz fue una fiel compañera del negro Manuel y lo secundó plenamente en el empeño por mantener vivo el culto a la Santísima Virgen en la apartada Ermita de Rosendo. Beatriz falleció antes de 1670.
Del Negro Manuel, dicen las crónicas hacia el año 1648, que era de “una rara calidez y simplicidad” y que cumplió fielmente el encargo que recibiera de su primitivo amo, el conductor de las Santas Imágenes, al decirle “que era de la Virgen y que no tenía otro amo a quien servir que a la Virgen Santísima”, [por eso él solía decir: “Soy de la Virgen, nomás”]. Por su fe en Dios el negro Manuel “con el sebo de las velas que ardían en presencia de la Santa Imagen de María Santísima obraba prodigiosas curaciones en varios enfermos que de partes diferentes concurrían a la Capilla”: Tales curaciones las cumplía el negro esclavo sin llamar la atención de nadie, más que de la gente sencilla y devota de la Santa Virgen.
Hacia 1681, cuando todavía la Santa Imagen de la Virgen se hallaba en el Oratorio de Doña Matos y se estaba levantando la Capilla, ocurren hechos milagrosos sobre el negro Manuel que hallaba a la Virgen Santísima llena de rocío muchas mañanas, y con abrojos en el vestuario, y que empezaba él a decirle que qué necesidad tenía de salirse de su nicho, siendo poderosa para obrar cualquier maravilla, sin salirse de él. Y también esta otra frase que se le apropia “¿Cómo es que sos tan amiga de los pecadores, que salís en busca de ellos, cuando ves que te tratan tan mal?
Su muerte acaeció probablemente en 1686. “Murió el Negro Manuel en santidad, por cuyo mérito es tradición que logró su cuerpo sepultura detrás del Altar Mayor del Santuario, descansando a los pies de su bien amada Imagen de Nuestra Señora de Luján”

“El negro Manuel vestido de un costal a raíz de las carnes, y criando barba larga a manera de ermitaño, ayudó no poco a la prosecución de la obra de la Capilla, y después continuó en servicio de la gran Señora hasta la ancianidad decrépita. Hallándose en la última enfermedad dijo un día que su Ama le había revelado que había de Morir en viernes y que el Sábado siguiente lo llevaría a la gloria. En efecto, su muerte aconteció el día mismo que había dicho.”
Cuidó Manuel de la Ermita,
con esmero y alegría;
siempre brillante, con flores
y con luces encendidas.

La historia no te ha olvidado,
Manuel, varón de color.

viernes, 7 de mayo de 2010

Celebración ciudadana por el Bicentenario

Mañana 8 de mayo a las 15, el Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina, invita a todos los argentinos a realizar un gesto nacional para celebrar el Bicentenario.

El mismo consiste en encender una vela y en rezar una oración por la Patria.

Bajo el lema “Con María, construyamos una Patria para todos”, el Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina (DEPLAI), convoca a la misma hora a todo el país a encender una vela, que simbolizará el pedido de una luz nueva de Esperanza para la Argentina, y a rezar una oración por la Patria (un Padrenuestro y un Avemaría), por lo que se sugiere que se haga en todas las plazas, en todos los hogares y en todas las calles del país.
Ese día, la celebración tendrá su punto central en la plaza frente a la Basílica de Luján, con una misa presidida por el cardenal Jorge Bergoglio y luego se realizará una celebración ciudadana con la presencia de otros credos. Allí se espera el arribo de numerosas delegaciones de parroquias, colegios, movimientos y asociaciones de la Ciudad de Buenos Aires y de toda la provincia de Buenos Aires.


Podés ver el acto de Luján en directo a partir de las 14,30 de mañana sábado 8 de mayo por www.c21tv.com.ar el canal de la Arquidiócesis de Buenos Aires.

Podés escucharlo en http://www.radiomaria.org.ar/ y también en www.cadenamarianadelafe.com.ar


ORACIÓN POR LA PATRIA

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Nos sentimos heridos y agobiados.
Precisamos tu alivio y fortaleza.
Queremos ser nación,
una nación cuya identidad
sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.
Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios
para amar a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofenden,
aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Concédenos la sabiduría del diálogo
y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,
cercanos a María, que desde Luján nos dice:
¡Argentina! ¡Canta y camina!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Amén.

sábado, 24 de abril de 2010

The Sun performs for SDO-AIA

El Cántico al hermano Sol que daba vueltas en mí mientras pasé cerca de esta noticia me llevó a detenerme en una imagen y el momento de tranquilidad me permitió seguirla.

Unos “ojos” -el AIA = Atmospheric Imaging Assembly- que viajan en una nave por el espacio, el SDO -Solar Dynamics Observatory- miran el sol, ellos sin saber que están mirándolo. Entregan con una cadencia de 10 segundos o menos, información en múltiples longitudes de onda, en el extremo de las ultravioletas, con una resolución de cerca de 1 arcosegundo, información decía de la actividad de la corona solar, ésta se procesa sumando y compaginando datos de otros “miradores” del señor hermano Sol para hacerlo compartir en el plano de la Física lo que para nosotros son sus secretos, que tiene muchos todavía pero algunos están continuamente siendo desocultados. Los progresos en la comprensión de la física que subyace a la actividad desplegada por la atmósfera solar ayuda a conocer el clima en el espacio de la heliosfera y en el medio ambiente planetario, y en este medio ambiente estamos porque en él está nuestra “Casa”. La sed de conocer no se apagará, mientras el sol no se apague. Aún sin tener necesidad inmediata de algo hay un impulso de la mente a conocer como si todo lo que hay invitará a ser conocido. Por otro lado la necesidad, por ejemplo de sostener la vida cuando se ve amenazada, agudiza el ingenio potenciando la capacidad de desentrañar lo desconocido. A la larga todo lo que hacemos o dejamos de hacer se vierte en nosotros los hombres mientras damos vueltas por el universo en la hermosa hermana madre tierra, con no tanta conciencia muchas veces si es para bien o para mal, y mejor que sea para bien el fruto de nuestro esfuerzo, mejor que lo inspire sobretodo un corazón bueno.

Vemos arriba una imagen del sol –disco lleno-, formada con información de múltiples longitudes de onda en el extremo de las ultravioletas como decía, tomada el 30 de marzo pasado por la SDO. Los colores más fríos, azules y verdes, corresponden a las más altas temperaturas –más de un millón de grados Kelvin, que es como decir grados Celsius; el agua hierve a cerca de 100º C en la cocina- los colores cálidos a las temperaturas más frías unos 60.000 ºK o ºC.

Si entran en
http://sdo.gsfc.nasa.gov/firstlight/ en el título “The Sun performs for SDO – AIA” hagan click en → size: 11,9 mb y verán un corto video confeccionado con estos medios nuevos que muestra la actividad de la corona solar, en particular una erupción. Me pareció fantástica, será porque no suelo mirar este tipo de imágenes.

Cómo importa el sol para la vida, más allá de esta miradita complicada por los conocimientos científicos que supone y compartida la noticia aquí con cierta audacia y a vuelo de pájaro, que las culturas le daban el primer rango entre todo lo que podían ver o percibir teniendo para él actitudes de adoración en algunos casos. ¿Que podrían hacer con él siendo tan potente y constante en la emisión de energía como decimos ahora y estando tan fuera del alcance?. Imposible dominarlo. Tan necesario y tan lejano de ellos el sol en sí mismo, y tan adentro a la vez de sus vidas, tan cercano con sus rayos que es el modo de su salida y llegada a ellos, de luz y de calor, de vida; marcando además los ciclos y el tiempo, un poco entonces el marco de la historia. Sentían agradecimiento, lo adoraban, lo esperaban cada amanecer, lo “acercaban” haciendo imágenes a veces muy costosas diríamos hoy -usaban el oro- y lo conocían mejor de lo que suponemos aunque con otros métodos pero entendían que se “comportaba” de tal o cual manera con ellos; también lo “saben” los animales y las plantas y no piensan.

Qué bueno tener una visión matizada, enriquecida con la memoria más remota -y que es actual por que en este sentido somos el mismo misterio-, venerante de la vida, cuidadosa, cordial. Somos y estamos llenos de honduras que me parece es bueno sentir. La Casa y su Luz tienen un espíritu pacífico aunque a veces se estremezca en su “vida” de tantos miles de milenios y muy hermosa; conviene siendo diligentes no agitarse tanto ni agitar la Casa en la delgadísima película que alberga la vida, ni menos aun afearla.

martes, 20 de abril de 2010

Verdaderamente ha resucitado el Señor

El Señor resucitado ha pasado, pasa y permanece en nuestra comunidad parroquial -abierta a Él, de nuevo y cada vez dispuesta a recibirlo-. Permanece Él en la vida fraterna, en los lazos que la entretejen, en la vida de las familias y en cada uno de nosotros, "resucitando" con su Espíritu vivificador que es fuerza y que es luz, las “muertes” nuestras en su muerte y vuelta a la Vida, iluminando nuestras "tinieblas" con su más claro resplandor, haciendo más libre nuestra libertad de todo aquello que se volvió, por nuestras lejanías, esclavizante y entristecedor, como así mismo despertando procesos de conversión comunitarios algunos y personales otros, entusiasmándonos a perseverar en la oración, en la escucha orante de su Palabra y en la vida sacramental. Felices regresos a la Casa, un gozoso -en el gozo del Espíritu- ir pasando desde el repliegue en sí mismo de cada uno al Amor del Padre que nos descentra y nos hermana para la acogida mutua, reconciliada y sincera, y para el servicio generoso, desinteresado y perseverante en la alegría que se hace vida y anuncio de su Evangelio.

El fervor del recogimiento en las veces que era oportuno y necesario, como la expresión gozosa y festiva de los frutos de conversión y del agradecimiento al Amor del Señor por don tan grande, decían de las mociones del alma de muchos y del sereno y alegre devenir de la convivencia de la comunidad vividos sobretodo en las celebraciones, preparadas con delicadeza y diligencia, del Triduo Santo. La Liturgia vigorosa en el Misterio nos acogió en su fiesta ofreciéndonos el Encuentro que nos da la Vida.

Las comunicaciones y los encuentros que viví también en otras comunidades, en este tiempo hondamente festivo y esperanzador y especialmente en la octava que prolonga el gran Domingo, me vuelven agradecido, humilde y dan al corazón el entusiasmo de la alabanza y así en su fragilidad se hace del aliento que infunde el Espíritu para vivir en la comunión fraterna los servicios que concretan en el Silencio y con gestos cotidianos -“lavando los pies”- los misterios celebrados.

Cada mañana el sol con su luz y su calidez nos despierta a los trajines diarios; que también “el Sol que nace de lo alto”, en el alba de cada día nos despierte con su Amor el corazón, las manos y los pies que trajinan al encuentro del Señor en los más pequeños, humildes y necesitados de sus hermanos.

martes, 30 de marzo de 2010

Descendió a los infiernos

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, en la oración y el ayuno, meditando su pasión y su muerte, así como su descenso al lugar de los muertos en la espera de su resurrección. [Misal Romano]

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere da mucho fruto. [Jn 12, 24]
632. Las frecuentes afirmaciones del Nuevo Testamento según las cuales Jesús "resucitó de entre los muertos" (Hch 3, 15; Rm 8, 11; 1 Co 15, 20) presuponen que, antes de la resurrección, permaneció en la morada de los muertos (cf. Hb 13, 20). Es el primer sentido que dio la predicación apostólica al descenso de Jesús a los infiernos; Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos (cf. 1 P 3,18-19).
633. La Escritura llama infiernos, sheol, o hades (cf. Flp 2, 10; Hch 2, 24; Ap 1, 18; Ef 4, 9) a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios (cf. Sal 6, 6; 88, 11-13). Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos (cf. Sal 89, 49;1 S 28, 19; Ez 32, 17-32), lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el "seno de Abraham" (cf. Lc 16, 22-26). "Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos" (Catecismo Romano, 1, 6, 3). Jesús no bajó a los infiernos para liberar a los condenados (cf. Concilio de Roma, año 745: DS, 587) ni para destruir el infierno de la condenación (cf. Benedicto XII, Libelo Cum dudum: DS, 1011; Clemente VI, c. Super quibusdam: ibíd., 1077) sino para liberar a los justos que le habían precedido (cf. Concilio de Toledo IV, año 625: DS, 485; cf. también Mt 27, 52-53).
634. "Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva ..." (1 P 4, 6). El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación. Es la última fase de la misión mesiánica de Jesús, fase condensada en el tiempo pero inmensamente amplia en su significado real de extensión de la obra redentora a todos los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares porque todos los que se salvan se hacen partícipes de la Redención.
635. Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte (cf. Mt 12, 40; Rm 10, 7; Ef 4, 9) para "que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan" (Jn 5, 25). Jesús, "el Príncipe de la vida" (Hch 3, 15) aniquiló "mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud "(Hb 2, 14-15). En adelante, Cristo resucitado "tiene las llaves de la muerte y del Infierno" (Ap 1, 18) y "al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos" (Flp 2, 10). [Catecismo de la Iglesia Católica]

Les comparto estos textos sobre este Misterio dentro del gran Misterio Pascual, fuente de Vida verdadera y eterna. El lugar de los muertos ha hospedado al Señor de la Vida para alegría de los que allí estaban y eran justos. A este lugar, en los tiempos del Amor del Señor, iremos y pasaremos. Llenemos de Amor nuestra vida, vivamos su Vida, sumergiéndonos en las muertes diarias, ofrendadas en el más sincero amor fraterno, en la humildad que es nuestra verdad y en el más encendido y abarcante amor a Dios.
Aquí abajo, finalmente, les dejo una antigua Homilía que es parte del Oficio de Lectura del Sábado Santo.
De una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado
(PG 43, 439. 451. 462-463)
EL DESCENSO DEL SEÑOR A LA REGIÓN DE LOS MUERTOS

¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.
En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.
El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos ustedes.» Y responde Cristo a Adán: «Y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo.
Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadena: “Salid”, y a los que estaban en tinieblas: "Sed iluminados”, y a los que estaban adormilados: “Levantaos.”
Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes, porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate, mi efigie, tu que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí; porque tú en mí, y yo en ti, somos una sola cosa.
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto, y sepultado en un huerto.
Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.
Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.
Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios.
Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.»