viernes, 22 de abril de 2011

La Alegría de la Pascua sea nuestra fuerza!!!

La tumba vacía

En la columna de la derecha encuentran la data sobre el lugar donde comparto los días con mis hermanos y la comunidad de los fieles, por este tiempo.

Deseándoles que la alegría y la paz del Señor, que la fuerza inmensa de su Resurrección, que el Espíritu del Resucitado los anime y sostenga desde lo más profundo de sus vidas  hasta en las más pequeñas cosas de todos los días como una bendición abundante y permanente, los saludo en esta Pascua a todos y a cada uno.

Les dejo aqui abajo el Pregón Pascual que se canta en la Noche Santa de la Vigilia.

Pregón pascual

Anuncio pascual en forma larga

Alégrese en el cielo el coro de los ángeles,
exulten los ministros de Dios,
y por la victoria de un Rey tan grande
resuene la trompeta de la salvación.

Alégrese también la tierra inundada de tanta luz,
y brillando con el resplandor del Rey eterno,
se vea libre de las tinieblas
que cubrían al mundo entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
adornada con los fulgores de una luz tan brillante;
y resuene este templo
con las aclamaciones del pueblo.

[Por eso, queridos hermanos, al contemplar
la admirable claridad de esta luz santa,
invoquemos la misericordia de Dios omnipotente,
y ya que sin mérito mío se dignó agregarme
al número de sus servidores,
me infunda la claridad de su luz,
para que sea plena y perfecta
la alabanza de este cirio.]

[V. El Señor esté con ustedes,
R. Y con tu espíritu.]

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto de la mente y del corazón
al Dios invisible, Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Él pagó por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán, y borró con su sangre
la sentencia del primer pecado.

Estas son las fiestas pascuales,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Ésta es la noche en que sacaste de Egipto
a nuestros padres, los hijos de Israel,
y los hiciste pasar a pie por el mar Rojo.

Ésta es la noche que disipó las tinieblas
de los pecados con el resplandor
de una columna de fuego.

Ésta es la noche en que por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo,
arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y agregados a los santos.

Ésta es la noche en la que Cristo
rompió las ataduras de la muerte,
y surgió victorioso de los abismos.

¡De nada nos valdría haber nacido
si no hubiésemos sido redimidos!

¡Qué admirable es tu bondad con nosotros!
¡Qué inestimable la predilección de tu amor:
para rescatar al esclavo, entregaste a tu propio Hijo!

¡Pecado de Adán ciertamente necesario,
que fue borrado con la sangre de Cristo!
¡Oh feliz culpa, que nos mereció tan noble y tan grande Redentor!

¡Noche verdaderamente feliz!
Sólo ella mereció saber el tiempo y la hora
en que Cristo resucitó del abismo de la muerte.

Ésta es la noche de la que estaba escrito:
La noche será clara como el día,
la noche ilumina mi alegría.

Por eso, la santidad de esta noche
aleja toda maldad, lava las culpas,
devuelve la inocencia a los pecadores,
y la alegría a los afligidos;
expulsa el odio, trae la concordia
y doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia, recibe, Padre santo,
el sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia
te presenta por medio de sus ministros,
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.

Ya sabemos lo que anuncia esta columna de fuego
que encendió la llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no disminuye su claridad al repartirla,
porque se alimenta de la cera
que elaboraron las abejas
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Noche verdaderamente dichosa
en la que el cielo se une con la tierra,
y lo divino con lo humano!

Por eso te rogamos, Señor,
que este cirio consagrado en honor de tu Nombre,
continúe ardiendo para disipar la oscuridad de esta noche
y, aceptado por ti como perfume agradable,
se asocie a los astros del cielo.

Que lo encuentre encendido el lucero de la mañana,
aquel lucero que no tiene ocaso;
Jesucristo, tu Hijo, que resucitado de entre los muertos
brilla sereno para el género humano,
y vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Su ronco acento, es un canto de Amor...

El Tamborilero

Llevemos al Niño de Belén nuestro amor; a Él que es el Amor. Adoremos a Jesús en el Pesebre, la humildad de Dios derramada entre nosotros para siempre, Don eterno salvador y santificador del Padre de las misericordias. José y María, los pastores y las creaturas -el burrito y la vaca- en cantos de gloria y alabanza junto a los ángeles nos invitan al coro.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Peregrinos y advenedizos

Cañón del Atuel

En la alegría de la celebración de la fiesta de santa Lucía y en ella la celebración del Amor que la encendió en martirio, en testimonio, de su fe para aquellos en su tiempo y para nosotros ahora, voy llevando adelante las despedidas agradecidas y afectuosas de la comunidad que dejo esta vez. Comunidad que por otra parte expresa humildemente su dolor por la partida de la Orden -que esperan sea sólo por un par de años- que “entrega” la Parroquia al padre Obispo quien designará sacerdotes de su clero para la cura pastoral. Permaneceremos, como Orden, con visitas frecuentes cuidando el Colegio que continúa a nuestro cargo. Por mi parte regresaré a la fraternidad de Río Cuarto, donde ya estuve alguna vez hace algunos años. El sentimiento que despierta la movilización a otro lugar es de entusiasmo; andar es un aspecto interesante de la misión. Andamos como peregrinos y advenedizos en este mundo, porque eso somos mientras caminamos hacia la Casa, donde hay muchas habitaciones. Esto nos recuerda como un viviente en su “ahora”, entre otras cosas, y desde el carisma el hermano Francisco. La ciudad que dejo es muy hermosa, llena de árboles y parquecitos cuidados. El aire puro y sano, de montaña; la gente simple y trabajadora; los paisajes –les dejo una imagen arriba- austeros y bellos en las cercanías; la comunidad empeñosa en la fe y la referencia especial a los hermanos de la comunidad de la Capilla santa Clara de Asís, en Cuadro Benegas y la otra más pequeña que se anima –con la fuerza y la humildad en el servicio de Armando y Titina y su “equipo”- los sábados en la Escuela Poblet del barrio el Vencedor, también en Cuadro Benegas, entonan el alma animando los últimos encuentros.
A la santa le pedimos que por su intercesión nos llene de Luz los ojos de la fe para amar como ella.

La Corona de Adviento

¡Marana thá! ¡Ven, Señor Jesús!

La Corona de Adviento ayuda a vivir este tiempo litúrgico -conducido en espíritu de conversión por la oración en la Liturgia de las Horas y en la Eucaristía-, haciéndolo presente en el seno de la familia. Corona verde entretejida con ramas del bosque y luces en ella, proviene de culturas europeas de antigua data y previas a la evangelización simbolizando en ellas la esperanza que en la alegría fortalece mientras va pasando el invierno que oculta parte de la vida en sus ramas deshojadas y debilita la luz y el calor del sol, hasta recibirla renovada en el vigor y la belleza de la luz primaveral y en la sustancia de los frutos sabrosos recogidos en la calidez del verano. Por aquellas tierras también y en el siglo XVI enriquecieron su significación con la mirada de la fe. Para nosotros es expresión de la Vida nueva y “el Sol que viene de lo alto” que nos trae la fiesta de la Navidad iniciando todo el Misterio de la presencia definitiva de Dios entre nosotros y la espera de su segunda venida. La luz crece semana tras semana, como crece en nosotros la luz de la fe, el calor del amor y la alegría de la esperanza, fortaleciéndonos en el servicio y los trabajos de todos los días.
Abajo encuentran reflexiones breves para el momento de encender progresivamente las velas cada domingo. Pueden compartir en ese momento una de las lecturas del Domingo correspondiente y rezar un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. La oración en familia les ayudará a vivir más unidos, en el diálogo y el amor mutuo.

Primer domingo: la vigilancia en la espera del Señor
Encendemos, Señor, esta luz, como aquél que enciende su lámpara
para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene.
En esta primera semana del Adviento
queremos levantarnos para esperarte preparados,
para recibirte con alegría.
Muchas sombras nos envuelven; muchos halagos nos adormecen.
Queremos estar despiertos y vigilantes,
porque tú nos traes la luz más clara,
la paz más profunda y la alegría mas verdadera.
¡Ven, Señor Jesús!
¡Marana thá! ¡Ven, Señor Jesús!

Segundo domingo: la urgencia de la conversión en nuestra vida
Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel.
Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas.
El viejo tronco está rebrotando, florece el desierto...
La humanidad entera se estremece
porque Dios se ha sembrado en nuestra carne.
Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes,
para que florezcas, para que nazcas
y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza.
¡Ven pronto, Señor. Ven, Salvador!
¡Marana thá! ¡Ven, Señor Jesús!

Tercer domingo: el testimonio del Precursor nos invita a la alegría
En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz.
Se anuncia la buena noticia: el Señor va a llegar.
Preparen sus caminos, porque ya se acerca.
Adornen el alma como una novia se engalana el día de su boda.
Ya llega el mensajero.
Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos estas tres velas
cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles,
llama para que calientes.
¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, enciéndenos en tu amor!
¡Marana thá! ¡Ven, Señor Jesús!

Cuarto domingo: el anuncio del nacimiento del Señor en la Virgen Madre
Al encender estas cuatro velas, en el último domingo,
pensamos en Ella, la Virgen, tu madre y nuestra madre.
Nadie te esperó con más ansia, con más ternura, con más amor.
Nadie te recibió con más alegría.
Te sembraste en Ella como el grano de trigo se siembra en el surco.
En sus brazos encontraste la cuna más hermosa.
También nosotros queremos prepararnos así:
en la fe, en el amor y en el trabajo de cada día.
¡Ven pronto, Señor. Ven a salvarnos!
¡Marana thá! ¡Ven, Señor Jesús!

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Sínodo de los Obispos para Medio Oriente

Misa de clausura del Sínodo
El Sínodo
El Sínodo de los Obispos para Oriente Medio -que se desarrolló en Roma con el lema comunión y testimonio y la inspiración tomada del versículo "La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32)-, ha concluído y como en otros Sínodos se le acercaron al Papa Proposiciones finales, de las que tomo aquí la 2 y la 3 referidas a la Palabra de Dios. En éste como en otros temas podemos ver la comunión entre las Iglesias en las búsquedas y desafíos. Agradecemos al Señor toda su Bondad y los dones que regaló a los padres sinodales encomendándole a su vez inspire y aliente la continuidad de este camino de comunión y fraternidad, en la verdad del amor, de las iglesias de oriente -en este caso caso Medio Oriente- y occidente. Cómo decía Juan Pablo II la Iglesia respira con dos pulmones el Oriente y el Occidente con sus espiritualidades, sus teologías, sus celebraciones del único Misterio y sus pastorales. Lo que a primera vista parece tan lejano no lo es tanto puesto que descubrimos en nuestros corazones -en la diversidad que somos y en las múltiples mociones interiores de cada uno, en la convivencia y la misión- resonancias de las vidas de todas las Iglesias.

En Argentina
Iglesias de Medio Oriente: IGLESIA MARONITA: San Charbel en Buenos Aires de los Maronitas- S. E. R. Mons. Charbel Georges MERHI, Obispo de San Charbel en Buenos Aires de los Maronitas. / IGLESIA GRECO-MELQUITA: Exarcado Apostólico para los fieles Greco-Melquitas residentes en Argentina- S. E. R. Mons. Jean-Abdo ARBACH, B.C., Obispo titular de Palmira de los Greco-Melquitas, Exarca Apostólico para los fieles Greco-Melquitas residentes en Argentina / IGLESIA ARMENIA: San Gregorio de Narek en Buenos Aires de los Armenios - S. E. R. Mons. Vartan Waldir BOGHOSSIAN, S.D.B., Obispo de San Gregorio de Narek en Buenos Aires de los Armenios, Exarca Apostólico para los fieles de rito armenio residentes en América Latina y México.

Para más detalles
y aquí en Boletín Synodus Episcoporum.

Las Proposiciones
Proposición 2 La Palabra de Dios
La Palabra de Dios es el alma y el fundamento de toda la pastoral; se espera que en cada familia haya una Biblia.
Los Padres sinodales fomentarán la lectura y meditación cotidiana de la Palabra de Dios, especialmente la lectio divina, la creación de un sitio de Internet bíblico con explicaciones y comentarios católicos al alcance de los fieles, un folleto de introducción a la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) con un método fácil de leer la Biblia.
Alientan además a las eparquías/diócesis (en lo que sigue se usará el término “diócesis” equivalente a “eparquia” propio de la terminología oriental) y las parroquias a promover encuentros bíblicos en los que se medite y se explique la Palabra de Dios para responder a las solicitudes de los fieles, con el propósito de crear en ellos una familiaridad con las Escrituras, una profundización de la espiritualidad y un compromiso con el apostolado y la misión.

Proposición 3 Pastoral bíblica
Los Padres sinodales recomiendan trabajar para poner la Sagrada Escritura con sus dos Testamentos en el centro de nuestra vida cristiana. Esto se logrará por el aliento a anunciarla, leerla, meditarla e interpretarla de modo cristocéntrico y celebrarla a ejemplo de la primera comunidad cristiana.
Se propone proclamar, después de una adecuada preparación, un año bíblico, seguido de una semana anual de la Biblia.

martes, 12 de octubre de 2010

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia


A mediados del 2004 se presentó el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, elaborado por el Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, siguiendo las indicaciones hechas por el amado y recordado Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Ecclesia in America. De la Introducción del Compendio tomo aquí unos pocos números que se refieren a su significado y más abajo, brevemente y de la presentación del Compendio a la Prensa en Roma por el Card. Martino, su estructura. Conviene de tanto en tanto recordarnos o quizá enterarnos de que están a nuestra disposición estos trabajos. En el sitio del Vaticano encuentras este Compendio:

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/index_sp.htm

El significado del Compendio
7 El cristiano sabe que puede encontrar en la doctrina social de la Iglesia los principios de reflexión, los criterios de juicio y las directrices de acción como base para promover un humanismo integral y solidario. Difundir esta doctrina constituye, por tanto, una verdadera prioridad pastoral, para que las personas, iluminadas por ella, sean capaces de interpretar la realidad de hoy y de buscar caminos apropiados para la acción: «La enseñanza y la difusión de esta doctrina social forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia».
En esta perspectiva, se consideró muy útil la publicación de un documento que ilustrase las líneas fundamentales de la doctrina social de la Iglesia y la relación existente entre esta doctrina y la nueva evangelización. El Pontificio Consejo «Justicia y Paz», que lo ha elaborado y del cual asume plenamente la responsabilidad, se ha servido para esta obra de una amplia consulta, implicando a sus Miembros y Consultores, algunos Dicasterios de la Curia Romana, las Conferencias Episcopales de varios países, Obispos y expertos en las cuestiones tratadas.
8 Este documento pretende presentar, de manera completa y sistemática, aunque sintética, la enseñanza social, que es fruto de la sabia reflexión magisterial y expresión del constante compromiso de la Iglesia, fiel a la Gracia de la salvación de Cristo y a la amorosa solicitud por la suerte de la humanidad. Los aspectos teológicos, filosóficos, morales, culturales y pastorales más relevantes de esta enseñanza se presentan aquí orgánicamente en relación a las cuestiones sociales. De este modo se atestigua la fecundidad del encuentro entre el Evangelio y los problemas que el hombre afronta en su camino histórico...
9 El documento presenta un cuadro de conjunto de las líneas fundamentales del «corpus» doctrinal de la enseñanza social católica. Este cuadro permite afrontar adecuadamente las cuestiones sociales de nuestro tiempo, que exigen ser tomadas en consideración con una visión de conjunto, porque son cuestiones que están caracterizadas por una interconexión cada vez mayor, que se condicionan mutuamente y que conciernen cada vez más a toda la familia humana. La exposición de los principios de la doctrina social pretende sugerir un método orgánico en la búsqueda de soluciones a los problemas, para que el discernimiento, el juicio y las opciones respondan a la realidad y para que la solidaridad y la esperanza puedan incidir eficazmente también en las complejas situaciones actuales. Los principios se exigen y se iluminan mutuamente, ya que son una expresión de la antropología cristiana, fruto de la Revelación del amor que Dios tiene por la persona humana. Considérese debidamente, sin embargo, que el transcurso del tiempo y el cambio de los contextos sociales requerirán una reflexión constante y actualizada sobre los diversos temas aquí expuestos, para interpretar los nuevos signos de los tiempos.
10 El documento se propone como un instrumento para el discernimiento moral y pastoral de los complejos acontecimientos que caracterizan nuestro tiempo; como una guía para inspirar, en el ámbito individual y colectivo, los comportamientos y opciones que permitan mirar al futuro con confianza y esperanza; como un subsidio para los fieles sobre la enseñanza de la moral social. De él podrá surgir un compromiso nuevo, capaz de responder a las exigencias de nuestro tiempo, adaptado a las necesidades y los recursos del hombre; pero sobre todo, el anhelo de valorar, en una nueva perspectiva, la vocación propia de los diversos carismas eclesiales con vistas a la evangelización de lo social, porque « todos los miembros de la Iglesia son partícipes de su dimensión secular ». El texto se propone, por último, como ocasión de diálogo con todos aquellos que desean sinceramente el bien del hombre.

Estructura del Compendio.
Después de la Introducción, siguen tres partes:
La primera, trata sobre los presupuestos fundamentales de la doctrina social: [1]. el designio de Amor de Dios para los hombres, [2]. la misión de la Iglesia y la doctrina social, [3]. la persona humana y sus derechos, y [4]. los principios de la doctrina social.
La segunda, trata sobre los contenidos y los temas clásicos de la doctrina social: [1]. la familia, [2]. el trabajo humano, [3]. la vida económica, [4]. la comunidad política, [5]. la comunidad internacional, [6]. la salvaguarda del medio ambiente y [7]. la promoción de la paz.
La tercera, contiene una serie de indicaciones para la utilización de la doctrina social en la praxis pastoral de la Iglesia y en la vida de los cristianos, sobre todo de los fieles laicos.
La Conclusión, titulada "Para una civilización del amor", resume la idea de fondo de todo el documento.
La obra se completa con amplios índices, utilísimos y fáciles de consultar.

Tomado de:
Conferencia de prensa para la presentación del "Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia" - Intervención del Card. Renato Raffaele Martino (25 de octubre de 2004)
http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/index_sp.htm

Es bueno, finalmente, tener presente que para orar, emprender los trabajos pastorales, los encuentros o los compromisos de testimonio la invocación del Espíritu Santo, nos abre a recibir su sabiduría y su fortaleza, su caridad.

lunes, 11 de octubre de 2010

Liturgia de las Horas


Suba como incienso mi oración en tu presencia

Del Oficio de lectura de hoy, te comparto la segunda lectura. El Oficio de lectura pertenece a la Liturgia de las Horas.La Liturgia de las Horas, como las demás acciones litúrgicas, no es una acción privada, sino que pertenece a todo el cuerpo de la Iglesia, lo manifiesta e influye en él.” nos dicen los documentos preliminares, entre otras muchas cosas. Cada día puedes encontrar Laudes, Vísperas y Completas y además el Oficio de lectura, Tercia, Sexta, y Nona en el sitio del que te dejo el link aquí -en Inicio ellos ponen una introducción; para más detalles, en el mismo sitio, puedes ver: Acerca del rezo del Oficio-. Es un modo muy hermoso de orar. Está lleno de la Palabra; oras con Cristo, oras en Él, al hacerlo en la Iglesia; consagras las horas del día al Señor; prolongas la celebración de la Misa del domingo durante la semana; la constancia te irá conformando con Jesús a quien prestas tu voz para hablarle al Padre sin dejar de ser vos el/la que ora y en tu corazón el Espíritu; que viene en tu ayuda y te abre los labios cuando se lo pides, y sólo con Él podrás hacerlo bien. Para familiarizarte con la Liturgia de las Horas puedes acercarte a una comunidad religiosa, ellos/ellas la rezan a diario; o al padre de tu Parroquia, o a lo mejor tienes cerca un hermano de tu comunidad que ya lo hace. Es sencillo rezarla y fácil de aprender.
http://www.liturgiadelashoras.com.ar/ 
* * *  *   * * *
De la carta de san Agustín, obispo, a Proba
(Carta 130, 9, 18--10, 20: CSEL 44, 60-63)
Debemos en ciertos momentos amonestarnos a nosotros mismos con la oración vocal.

Deseemos siempre la vida dichosa y eterna, que nos dará nuestro Dios y Señor, y así estaremos siempre orando. Pero, con objeto de mantener vivo este deseo, debemos, en ciertos momentos, apartar nuestra mente de las preocupaciones y quehaceres que, de algún modo, nos distraen de él y amonestarnos a nosotros mismos con la oración vocal, no fuese caso que si nuestro deseo empezó a entibiarse llegara a quedar totalmente frío y, al no renovar con frecuencia el fervor, acabara por extinguirse del todo.
Por eso, cuando dice el Apóstol: Presentad públicamente vuestras peticiones a Dios, no hay que entender estas palabras como si se tratara de descubrir a Dios nuestras peticiones, pues él continuamente las conoce, aun antes de que se las formulemos; estas palabras significan, más bien, que debemos descubrir nuestras peticiones a nosotros mismos en presencia de Dios, perseverando en la oración, sin mostrarlas ante los hombres por vanagloria de nuestras plegarias.
Como esto sea así, aunque ya en el cumplimiento de nuestros deberes, como dijimos, hemos de orar siempre con el deseo, no puede considerarse inútil y vituperable el entregarse largamente a la oración, siempre y cuando no nos lo impidan otras obligaciones buenas y necesarias. Ni hay que decir, como algunos piensan, que orar largamente sea lo mismo que orar con vana palabrería. Una cosa, en efecto, son las muchas palabras y otra cosa el afecto perseverante y continuado. Pues del mismo Señor está escrito que pasaba la noche en oración y que oró largamente; con lo cual, ¿qué hizo sino darnos ejemplo, al orar oportunamente en el tiempo, aquel mismo que, con el Padre, oye nuestra oración en la eternidad?
Se dice que los monjes de Egipto hacen frecuentes oraciones, pero muy cortas, a manera de jaculatorias brevísimas, para que así la atención, que es tan sumamente necesaria en la oración, se mantenga vigilante y despierta y no se fatigue ni se embote con la prolijidad de las palabras. Con esto nos enseñan claramente que así como no hay que forzar la atención cuando no logra mantenerse despierta, así tampoco hay que interrumpirla cuando puede continuar orando.
Lejos, pues, de nosotros la oración con vana palabrería; pero que no falte la oración prolongada, mientras persevere ferviente la atención. Hablar mucho en la oración es como tratar un asunto necesario y urgente con palabras superfluas. Orar, en cambio, prolongadamente es llamar con corazón perseverante y lleno de afecto a la puerta de aquel que nos escucha. Porque con frecuencia la finalidad de la oración se logra más con lágrimas y llantos que con palabras y expresiones verbales. Porque el Señor recoge nuestras lágrimas en su odre y a él no se le ocultan nuestros gemidos, pues todo lo creó por medio de aquel que es su Palabra, y no necesita las palabras humanas.

lunes, 4 de octubre de 2010

san Francisco de Asís - 4 de octubre

La verdadera y perfecta alegría

Preguntamos a san Francisco de Asís, hoy 4 de octubre, día en que lo recordamos y celebramos cuál es la perfecta y verdadera alegría. Del dulce, pobre y humilde Francisco quedó lo que nos responde en dos relatos referidos al mismo episodio. Uno –el más extenso- pertenece a las famosas Florecillas -Capítulo VIII- y el otro más breve, y por esto considerado como más antiguo, tomado de un manuscrito de fray Leonardo de Asís. Éste último lo puedes gustar aquí y aprovecharlo para tu edificación. La traducción está tomada de los Escritos y Biografías de san Francisco, en español, obra que coordinó el Hno José Antonio Guerra OFM

LA VERDADERA Y PERFECTA ALEGRÍA
Cierto día el bienaventurado Francisco, estando en Santa María, llamó al hermano León y le dijo:
– Hermano León, escribe.
El cual respondió:
– Ya estoy listo.
– Escribe –le dijo– cuál es la verdadera alegría.
Llega un mensajero y dice que todos los maestros de París han venido a la Orden. Escribe: «No es verdadera alegría.»
Y también que han venido a la Orden todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; que también el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: «No es verdadera alegría.»
Igualmente, que mis hermanos han ido a los infieles y han convertido a todos ellos a la fe. Además, que he recibido yo de Dios una gracia tan grande, que curo enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría.
Pero ¿cuál es la verdadera alegría?
Vuelvo de Perusa y, ya de noche avanzada, llego aquí, es tiempo de invierno, todo está embarrado y el frío es tan grande, que en los bordes de la túnica se forman carámbanos [*] de agua fría congelada, que hacen heridas en las piernas, hasta brotar sangre de las mismas.
Y todo embarrado, helado y aterido, me llego a la puerta; y, después de estar buen rato tocando y llamando, acude el hermano y pregunta:
- ¿Quién es?
Yo respondo:
- El hermano Francisco.
Y él dice:
- Largo de aquí. No es hora decente para andar de camino. Aquí no entras.
Y, al insistir yo de nuevo, contesta:
- Largo de aquí. Tú eres un simple y un ignorante. Ya no vas a venir con nosotros. Nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos.
Y yo vuelvo a la puerta y digo:
- Por amor de Dios, acogedme por esta noche.
Y él responde:
- No me da la gana. Vete al lugar de los Crucíferos y pide allí.
Te digo: si he tenido paciencia y no he perdido la calma, en esto está la verdadera alegría y también la verdadera virtud y el bien del alma.

[*] Pedazo de hielo más o menos largo y puntiagudo que se va formando al helarse el agua que gotea.
En la entrada del 2 de octubre del 2009 (buscar en el Archivo del blog), encuentras las oraciones de la Misa de la Solemnidad de san Francisco de Asís.

jueves, 30 de septiembre de 2010

San Jerónimo - Mes de la Biblia

San Jerónimo

Celebramos hoy a san Jerónimo, terminando el mes de la Biblia, mes elegido justamente mirando el amor de Jerónimo a las Escrituras.  En la oración Colecta de la misa de san Jerónimo, tienes un momento orante y a continuación, un momento de reflexión con párrafos, acerca de su vida y acerca de su relación con las Escrituras, tomados de las dos catequesis -7 y 14 de nov. 2007-  de Benedicto XVI dedicadas al santo.

Oración Colecta:
Dios nuestro, que otorgaste a san Jerónimo, presbítero, amar con dedicación ardiente la Sagrada Escritura, te pedimos que tu pueblo se alimente con mayor abundancia de tu palabra y encuentre en ella la fuente de la vida.
(Misal Romano. Versión castellana de la 3a Edición Típica Latina. Conferencia Episcopal Argentina.)

Vida:
«San Jerónimo nació en Estridón en torno al año 347, en una familia cristiana, que le dio una esmerada formación, enviándolo incluso a Roma para que perfeccionara sus estudios. Siendo joven sintió el atractivo de la vida mundana (cf. Ep 22, 7), pero prevaleció en él el deseo y el interés por la religión cristiana. Tras recibir el bautismo, hacia el año 366, se orientó hacia la vida ascética y, al trasladarse a Aquileya, se integró en un grupo de cristianos fervorosos, definido por él casi "un coro de bienaventurados" (Chron. ad ann. 374) reunido en torno al obispo Valeriano.
Después partió para Oriente y vivió como eremita en el desierto de Calcis, al sur de Alepo (cf. Ep 14, 10), dedicándose seriamente a los estudios. Perfeccionó su conocimiento del griego, comenzó el estudio del hebreo (cf. Ep 125, 12), trascribió códices y obras patrísticas (cf. Ep 5, 2). La meditación, la soledad, el contacto con la palabra de Dios hicieron madurar su sensibilidad cristiana.
Sintió de una manera más aguda el peso de su pasado juvenil (cf. Ep 22, 7), y experimentó profundamente el contraste entre la mentalidad pagana y la vida cristiana: un contraste que se hizo famoso a causa de la dramática e intensa "visión" que nos narró. En ella le pareció que era flagelado en presencia de Dios, por ser "ciceroniano y no cristiano" (cf. Ep 22, 30).
En el año 382 se trasladó a Roma. Aquí el Papa san Dámaso, conociendo su fama de asceta y su competencia de estudioso, lo tomó como secretario y consejero; lo alentó a emprender una nueva traducción latina de los textos bíblicos por motivos pastorales y culturales.
Algunas personas de la aristocracia romana, sobre todo mujeres nobles como Paula, Marcela, Asela, Lea y otras, que deseaban comprometerse en el camino de la perfección cristiana y profundizar en su conocimiento de la palabra de Dios, lo escogieron como su guía espiritual y maestro en el método de leer los textos sagrados. Estas mujeres nobles también aprendieron griego y hebreo.
Después de la muerte del Papa san Dámaso, en el año 385 san Jerónimo dejó Roma y emprendió una peregrinación, primero a Tierra Santa, testigo silenciosa de la vida terrena de Cristo, y después a Egipto, tierra elegida por muchos monjes (cf. Contra Rufinum 3, 22; Ep 108, 6-14).
En el año 386 se detuvo en Belén, donde, gracias a la generosidad de una mujer noble, Paula, se construyeron un monasterio masculino, uno femenino, y una hospedería para los peregrinos que llegaban a Tierra Santa, "pensando en que María y José no habían encontrado un lugar donde alojarse" (Ep 108, 14). En Belén, donde se quedó hasta su muerte, siguió desarrollando una intensa actividad: comentó la palabra de Dios; defendió la fe, oponiéndose con vigor a varias herejías; exhortó a los monjes a la perfección; enseñó cultura clásica y cristiana a jóvenes alumnos; acogió con espíritu pastoral a los peregrinos que visitaban Tierra Santa. Falleció en su celda, junto a la gruta de la Natividad, el 30 de septiembre del año 419/420.»

Relación con la Biblia
«Verdaderamente "enamorado" de la Palabra de Dios, se preguntaba: "¿Cómo es posible vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer a Cristo mismo, que es la vida de los creyentes?" (Ep. 30, 7). Así, la Biblia, instrumento "con el que cada día Dios habla a los fieles" (Ep. 133, 13), se convierte en estímulo y manantial de la vida cristiana para todas las situaciones y para todas las personas.
Leer la Escritura es conversar con Dios: "Si oras —escribe a una joven noble de Roma— hablas con el Esposo; si lees, es él quien te habla" (Ep. 22, 25). El estudio y la meditación de la Escritura hacen sabio y sereno al hombre (cf. In Eph., prólogo). Ciertamente, para penetrar de una manera cada vez más profunda en la palabra de Dios hace falta una aplicación constante y progresiva. Por eso, san Jerónimo recomendaba al sacerdote Nepociano: "Lee con mucha frecuencia las divinas Escrituras; más aún, que el Libro santo no se caiga nunca de tus manos. Aprende en él lo que tienes que enseñar" (Ep. 52, 7).
A la matrona romana Leta le daba estos consejos para la educación cristiana de su hija: "Asegúrate de que estudie todos los días algún pasaje de la Escritura. (...) Que acompañe la oración con la lectura, y la lectura con la oración. (...) Que ame los Libros divinos en vez de las joyas y los vestidos de seda" (Ep. 107, 9.12). Con la meditación y la ciencia de las Escrituras se "mantiene el equilibrio del alma" (Ad Eph., prólogo). Sólo un profundo espíritu de oración y la ayuda del Espíritu Santo pueden introducirnos en la comprensión de la Biblia: "Al interpretar la sagrada Escritura siempre necesitamos la ayuda del Espíritu Santo" (In Mich. 1, 1, 10, 15).
Así pues, san Jerónimo, durante toda su vida, se caracterizó por un amor apasionado a las Escrituras, un amor que siempre trató de suscitar en los fieles. A una de sus hijas espirituales le recomendaba: "Ama la sagrada Escritura, y la sabiduría te amará; ámala tiernamente, y te custodiará; hónrala y recibirás sus caricias. Que sea para ti como tus collares y tus pendientes" (Ep. 130, 20). Y añadía: "Ama la ciencia de la Escritura, y no amarás los vicios de la carne" (Ep. 125, 11).
Para san Jerónimo, un criterio metodológico fundamental en la interpretación de las Escrituras era la sintonía con el magisterio de la Iglesia. Nunca podemos leer nosotros solos la Escritura. Encontramos demasiadas puertas cerradas y caemos fácilmente en el error. La Biblia fue escrita por el pueblo de Dios y para el pueblo de Dios, bajo la inspiración del Espíritu Santo. Sólo en esta comunión con el pueblo de Dios podemos entrar realmente con el "nosotros" en el núcleo de la verdad que Dios mismo nos quiere comunicar. Para él una auténtica interpretación de la Biblia tenía que estar siempre en armonía con la fe de la Iglesia católica.
No se trata de una exigencia impuesta a este Libro desde el exterior; el Libro es precisamente la voz del pueblo de Dios que peregrina y sólo en la fe de este pueblo podemos estar, por así decir, en el tono adecuado para comprender la sagrada Escritura. Por eso, san Jerónimo exhortaba: "Permanece firmemente adherido a la doctrina de la tradición que te ha sido enseñada, para que puedas exhortar según la sana doctrina y refutar a quienes la contradicen" (Ep. 52, 7). En particular, dado que Jesucristo fundó su Iglesia sobre Pedro, todo cristiano —concluía— debe estar en comunión "con la Cátedra de san Pedro. Yo sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia" (Ep. 15, 2). Por tanto, abiertamente declaraba: "Yo estoy con quien esté unido a la Cátedra de san Pedro" (Ep. 16).
San Jerónimo, obviamente, no descuida el aspecto ético. Más aún, con frecuencia reafirma el deber de hacer que la vida concuerde con la Palabra divina, y sólo viviéndola encontramos también la capacidad de comprenderla. Esta coherencia es indispensable para todo cristiano y particularmente para el predicador, a fin de que no lo pongan en aprieto sus acciones, cuando contradicen el contenido de sus palabras.
Así exhorta al sacerdote Nepociano: "Que tus acciones no desmientan tus palabras, para que no suceda que, cuando prediques en la Iglesia, alguien en su interior comente: "¿por qué entonces tú no actúas así?" ¡Qué curioso maestro el que, con el estómago lleno, diserta sobre el ayuno! Incluso un ladrón puede criticar la avaricia; pero en el sacerdote de Cristo la mente y la palabra deben ir de acuerdo" (Ep. 52, 7).
En otra carta, san Jerónimo reafirma: "La persona que se siente condenada por su propia conciencia, aunque tenga una espléndida doctrina, debería avergonzarse" (Ep. 127, 4). También con respecto a la coherencia, observa: el Evangelio debe traducirse en actitudes de auténtica caridad, pues en todo ser humano está presente la Persona misma de Cristo. Por ejemplo, dirigiéndose al presbítero Paulino —que después llegó a ser obispo de Nola y santo—, san Jerónimo le da este consejo: "El verdadero templo de Cristo es el alma del fiel: adorna este santuario, embellécelo, deposita en él tus ofrendas y recibe a Cristo. ¿Qué sentido tiene decorar las paredes con piedras preciosas, si Cristo muere de hambre en la persona de un pobre?" (Ep. 58, 7).
San Jerónimo concreta: es necesario "vestir a Cristo en los pobres, visitarlo en los que sufren, darle de comer en los hambrientos, acogerlo en los que no tienen una casa" (Ep. 130, 14). El amor a Cristo, alimentado con el estudio y la meditación, nos permite superar todas las dificultades: "Si amamos a Jesucristo y buscamos siempre la unión con él, nos parecerá fácil incluso lo que es difícil" (Ep. 22, 40).»
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domingo, 19 de septiembre de 2010

Beato John Henry Cardinal Newman

Beato John Henry Cardinal Newman

Hoy en Birmingham, en la Eucaristía de este domingo 19 de setiembre, el Papa Benedicto XVI beatificó al cardenal Newman. Como día para celebrarlo estableció el 9 de octubre. Esta es también la fecha del cumple de nuestro querido hermano Carlos, hermano en la familia de sangre, “para los íntimos” -como se dice- Arlit, así mismo se me viene pronto su especial recuerdo y afecto a nuestros antepasados ingleses, entre otros, que conforman también la enriquecida identidad familiar, los White. Qué feliz coincidencia, qué bueno para él este nuevo patrono, fuerte en el intelecto, y a la vez orante de profunda fe y cálido y diligente pastor, inscrito en la tradición de santos de la iglesia de la isla que como dice el Papa, son de “delicada erudición, profunda sabiduría humana y amor intenso por el Señor”. Encuentran aquí una reflexión orada, breve, del nuevo Beato sobre Dios que es el amor, God is love y también un par de párrafos de la Homilía de la Misa de Beatificación, de hoy.

Párrafos de la Homilía de Benedicto XVI en la Misa de Beatificación del Cardenal Newman.
Cofton Park de Rednal - Birmingham. Domingo 19 de setiembre de 2010.

El lema del Cardenal Newman, cor ad cor loquitur, “el corazón habla al corazón”, nos da la perspectiva de su comprensión de la vida cristiana como una llamada a la santidad, experimentada como el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios. Nos recuerda que la fidelidad a la oración nos va transformando gradualmente a semejanza de Dios. Como escribió en uno de sus muchos hermosos sermones, «el hábito de oración, la práctica de buscar a Dios y el mundo invisible en cada momento, en cada lugar, en cada emergencia –os digo que la oración tiene lo que se puede llamar un efecto natural en el alma, espiritualizándola y elevándola. Un hombre ya no es lo que era antes; gradualmente... se ve imbuido de una serie de ideas nuevas, y se ve impregnado de principios diferentes» (Sermones Parroquiales y Comunes, IV, 230-231). El Evangelio de hoy afirma que nadie puede servir a dos señores (cf. Lc 16,13), y el Beato John Henry, en sus enseñanzas sobre la oración, aclara cómo el fiel cristiano toma partido por servir a su único y verdadero Maestro, que pide sólo para sí nuestra devoción incondicional (cf. Mt 23,10). Newman nos ayuda a entender en qué consiste esto para nuestra vida cotidiana: nos dice que nuestro divino Maestro nos ha asignado una tarea específica a cada uno de nosotros, un “servicio concreto”, confiado de manera única a cada persona concreta: «Tengo mi misión», escribe, «soy un eslabón en una cadena, un vínculo de unión entre personas. No me ha creado para la nada. Haré el bien, haré su trabajo; seré un ángel de paz, un predicador de la verdad en el lugar que me es propio... si lo hago, me mantendré en sus mandamientos y le serviré a Él en mis quehaceres» (Meditación y Devoción, 301-2).


El servicio concreto al que fue llamado el Beato John Henry incluía la aplicación entusiasta de su inteligencia y su prolífica pluma a muchas de las más urgentes “cuestiones del día”. Sus intuiciones sobre la relación entre fe y razón, sobre el lugar vital de la religión revelada en la sociedad civilizada, y sobre la necesidad de un educación esmerada y amplia fueron de gran importancia, no sólo para la Inglaterra victoriana. Hoy también siguen inspirando e iluminando a muchos en todo el mundo. Me gustaría rendir especial homenaje a su visión de la educación, que ha hecho tanto por formar el ethos que es la fuerza motriz de las escuelas y facultades católicas actuales. Firmemente contrario a cualquier enfoque reductivo o utilitarista, buscó lograr unas condiciones educativas en las que se unificara el esfuerzo intelectual, la disciplina moral y el compromiso religioso. El proyecto de fundar una Universidad Católica en Irlanda le brindó la oportunidad de desarrollar sus ideas al respecto, y la colección de discursos que publicó con el título La Idea de una Universidad sostiene un ideal mediante el cual todos los que están inmersos en la formación académica pueden seguir aprendiendo. Más aún, qué mejor meta pueden fijarse los profesores de religión que la famosa llamada del Beato John Henry por unos laicos inteligentes y bien formados: «Quiero un laicado que no sea arrogante ni imprudente a la hora de hablar, ni alborotador, sino hombres que conozcan bien su religión, que profundicen en ella, que sepan bien dónde están, que sepan qué tienen y qué no tienen, que conozcan su credo a tal punto que puedan dar cuentas de él, que conozcan tan bien la historia que puedan defenderla» (La Posición Actual de los Católicos en Inglaterra, IX, 390). Hoy, cuando el autor de estas palabras ha sido elevado a los altares, pido para que, a través de su intercesión y ejemplo, todos los que trabajan en el campo de la enseñanza y de la catequesis se inspiren con mayor ardor en la visión tan clara que el nos dejó.

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God is Love
Jesus saith to him, Lovest thou Me more than these?

1. THOU askest us to love Thee, O my God, and Thou art Thyself Love. There was one attribute of Thine which Thou didst exercise from eternity, and that was Love. We hear of no exercise of Thy power whilst Thou wast alone, nor of Thy justice before there were creatures on their trial; nor of Thy wisdom before the acts and works of Thy Providence; but from eternity Thou didst love, for Thou art not only One but Three. The Father loved from eternity His only begotten Son, and the Son returned to Him an equal love. And the Holy Ghost is that love in substance, wherewith the Father and the Son love one another. This, O Lord, is Thine ineffable and special blessedness. It is love. I adore Thee, O my infinite Love!

2. And when Thou hadst created us, then Thou didst but love more, if that were possible. Thou didst love not only Thy own Co-equal Self in the multiplied Personality of the Godhead, but Thou didst love Thy creatures also. Thou wast love to us, as well as Love in Thyself. Thou wast love to man, {373} more than to any other creatures. It was love that brought Thee from heaven, and subjected Thee to the laws of a created nature. It was love alone which was able to conquer Thee, the Highest—and bring Thee low. Thou didst die through Thine infinite love of sinners. And it is love, which keeps Thee here still, even now that Thou hast ascended on high, in a small tabernacle, and under cheap and common outward forms. O Amor meus, if Thou wert not infinite Love, wouldest Thou remain here, one hour, imprisoned and exposed to slight, indignity, and insult? O my God, I do not know what infinity means—but one thing I see, that Thou art loving to a depth and height far beyond any measurement of mine.

3. And now Thou biddest me love Thee in turn, for Thou hast loved me. Thou wooest me to love Thee specially, above others. Thou dost say, "Lovest thou Me more than these?" O my God, how shameful that such a question need be put to me! yet, after all, do I really love Thee more than the run of men? The run of men do not really love Thee at all, but put Thee out of their thoughts. They feel it unpleasant to them to think of Thee; they have no sort of heart for Thee, yet Thou hast need to ask me whether I love Thee even a little. Why should I not love Thee much, how can I help loving Thee much, whom Thou hast brought so near to Thyself, whom Thou hast so wonderfully chosen out of the world to be Thy own special servant and son? Have I not cause to love Thee abundantly more than others, though all ought to love Thee? I {374} do not know what Thou hast done for others personally, though Thou hast died for all—but I know what Thou hast done specially for me. Thou hast done that for me, O my love, which ought to make me love Thee with all my powers.