lunes, 21 de diciembre de 2015
Oración - Monseñor Ken Untener
Bishop Ken Untener of Saginaw
La oración de la entrada anterior, compartida por Papa Francisco fue escrita por Monseñor Ken Utener Obispo de Saginaw y fue utilizada por el Cardenal John Dearden Obispo de Detroit en las exequias de su amigo Monseñor Utener. Fue atribuída a Monseñor Oscar Romero Obispo de San Salvador. Los tres ya fallecidos, los tres con fuerte compromiso con la cuestión social. Abajo la versión en inglés:
A Step Along the Way
It helps,
now and then, to step back and take a long view.
The kingdom is not only beyond our efforts, it is even
beyond our vision.
We accomplish in our lifetime only a tiny fraction of the
magnificent enterprise that is God’s work. Nothing we do is complete, which is
a way of saying that the Kingdom always lies beyond us.
No statement says all that could be said.
No prayer fully expresses our faith.
No confession brings perfection.
No pastoral visit brings wholeness.
No program accomplishes the Church’s mission.
No set of goals and objectives includes everything.
This is what we are about.
We plant the seeds that one day will grow.
We water seeds already planted, knowing that they hold
future promise.
We lay foundations that will need further development.
We provide yeast that produces far beyond our capabilities.
We cannot do everything, and there is a sense of liberation
in realizing that.
This enables us to do something, and to do it very well.
It may be incomplete, but it is a beginning, a step along
the way, an opportunity for the Lord’s grace to enter and do the rest.
We may never see the end results, but that is the difference
between the master builder and the worker.
We are workers, not master builders; ministers, not
messiahs.
We are prophets of a future not our own. Amen.
Oración atribuída a Monseñor Romero
Sermón de la montaña - Mateo 5-7
En la mañana de hoy en la Sala Clementina, Papa Francisco se dirigió a los trabajadores de la Curia romana; de esa alocución tomamos lo que sigue.
Queridos hermanos
La misericordia no es un sentimiento pasajero, sino la
síntesis de la Buena
Noticia; es la opción de los que quieren tener los
sentimientos del Corazón de Jesús, de quien quiere seriamente seguir al Señor,
que nos pide: «Sed misericordiosos como vuestro Padre» (Mt 5,48; Lc 6,36). El
Padre Hermes Ronchi dice: «Misericordia: escándalo para la justicia, locura
para la inteligencia, consuelo para nosotros, los deudores. La deuda de
existir, la deuda de ser amados, sólo se paga con la misericordia».
Así pues, que sea la misericordia la que guíe nuestros
pasos, la que inspire nuestras reformas, la que ilumine nuestras decisiones.
Que sea el soporte maestro de nuestro trabajo. Que sea la que nos enseñe cuándo
hemos de ir adelante y cuándo debemos dar un paso atrás. Que sea la que nos
haga ver la pequeñez de nuestros actos en el gran plan de salvación de Dios y
en la majestuosidad y el misterio de su obra.
Para ayudarnos a entender esto, dejémonos asombrar por la
bella oración, comúnmente atribuida al beato Oscar Arnulfo Romero, pero que fue
pronunciada por primera vez por el Cardenal John Dearden:
De vez en cuando, dar un paso atrás nos ayuda
a tomar una perspectiva mejor.
El Reino no sólo está más allá de nuestros esfuerzos,
sino incluso más allá de nuestra visión.
Durante nuestra vida, sólo realizamos una minúscula parte
de esa magnífica empresa que es la obra de Dios.
Nada de lo que hacemos está acabado,
lo que significa que el Reino está siempre ante nosotros.
Ninguna declaración dice todo lo que podría decirse.
Ninguna oración puede expresar plenamente nuestra fe.
Ninguna confesión trae la perfección,
ninguna visita
pastoral trae la integridad.
Ningún programa realiza la misión de la Iglesia.
En ningún esquema de metas y objetivos se incluye todo.
Esto es lo que intentamos hacer:
plantamos semillas que un día crecerán;
regamos semillas ya plantadas,
sabiendo que son promesa de futuro.
Sentamos bases que necesitarán un mayor desarrollo.
Los efectos de la levadura que proporcionamos
van más allá de nuestras posibilidades.
No podemos hacerlo todo y, al darnos cuenta de ello,
sentimos una cierta liberación.
Ella nos capacita a hacer algo, y a hacerlo muy bien.
Puede que sea incompleto, pero es un principio,
un paso en el camino,
una ocasión para que entre la gracia del Señor y haga el
resto.
Es posible que no veamos nunca los resultados finales,
pero esa es la diferencia entre el jefe de obras y el
albañil.
Somos albañiles, no jefes de obra, ministros, no el Mesías.
Somos profetas de un futuro que no es nuestro.
Y con estos pensamientos, con estos sentimientos, os deseo
una feliz y santa Navidad, y os pido que recéis por mí. Gracias.
lunes, 22 de junio de 2015
Laudato si' Papa Francisco
Alabado seas mi Señor
Mi llamado
13. El desafío urgente de proteger nuestra casa común
incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un
desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El
Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se
arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar
para construir nuestra casa común. Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a
todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están
trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos. Merecen
una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias
dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del
mundo. Los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible
que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente
y en los sufrimientos de los excluidos.
14. Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva. Como dijeron los Obispos de Sudáfrica, «se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios». Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades.
14. Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva. Como dijeron los Obispos de Sudáfrica, «se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios». Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades.
15. Espero que esta Carta encíclica, que se agrega al
Magisterio social de la
Iglesia, nos ayude a reconocer la grandeza, la urgencia y la
hermosura del desafío que se nos presenta. En primer lugar, haré un breve
recorrido por distintos aspectos de la actual crisis ecológica, con el fin de
asumir los mejores frutos de la investigación científica actualmente
disponible, dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta
al itinerario ético y espiritual como se indica a continuación. A partir de esa
mirada, retomaré algunas razones que se desprenden de la tradición
judío-cristiana, a fin de procurar una mayor coherencia en nuestro compromiso
con el ambiente. Luego intentaré llegar a las raíces de la actual situación, de
manera que no miremos sólo los síntomas sino también las causas más profundas.
Así podremos proponer una ecología que, entre sus distintas dimensiones,
incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con
la realidad que lo rodea. A la luz de esa reflexión quisiera avanzar en algunas
líneas amplias de diálogo y de acción que involucren tanto a cada uno de
nosotros como a la política internacional. Finalmente, puesto que estoy
convencido de que todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo,
propondré algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la
experiencia espiritual cristiana.
16. Si bien cada capítulo posee su temática propia y una
metodología específica, a su vez retoma desde una nueva óptica cuestiones
importantes abordadas en los capítulos anteriores. Esto ocurre especialmente
con algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima
relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en
el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de
poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de
entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el
sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la
grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del
descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida. Estos temas no se cierran
ni abandonan, sino que son constantemente replanteados y enriquecidos.
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html
sábado, 17 de enero de 2015
Cautela n.15 San Juan de la Cruz
![]() | ||||
| San Juan de la Cruz |
15. La primera cautela sea que entiendas que no has venido
al convento sino a que todos te labren y ejerciten. Y así, para librarte de
todas las turbaciones e imperfecciones que se te pueden ofrecer acerca de las
condiciones y trato de los religiosos y sacar provecho de todo acaecimiento,
conviene que pienses que todos son oficiales que están en el convento para
ejercitarte, como a la verdad lo son, y que unos te han de labrar de palabra,
otros de obra, otros de pensamientos contra ti, y que en todo esto tú has de
estar sujeto, como la imagen lo está ya al que la labra, ya al que la pinta, ya
al que la dora.
Y si esto no guardas, no sabrás vencer tu sensualidad y
sentimientos, ni sabrás haberte bien en el convento con los religiosos, ni
alcanzarás la santa paz, ni te librarás de muchos tropiezos y males.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
La peregrinación - Navidad nuestra
La peregrinación
A la huella, a la huella
José y María
Por las pampas heladas
Cardos y ortigas.
A la huella, a la huella
Cortando campo
No hay cobijo ni fonda
Sigan andando.
Florecita del campo,
Clavel del aire
Si ninguno te aloja
¿Adónde naces?
¿Donde naces, florcita?
Que estas creciendo,
Palomita asustada,
Grillo sin sueño.
A la huella, a la huella
José y María
Con un dios escondido
Nadie sabía.
A la huella, a la huella
Los peregrinos
Préstenme una tapera
Para mi niño.
A la huella, a la huella
Soles y lunas
Los ojitos de almendra
Piel de aceituna.
Ay burrito del campo
Ay buey barcino
Que mi niño ya viene,
Háganle sitio.
Un ranchito de quincha
Solo me ampara
Dos alientos amigos
La luna clara
A la huella, a la huella
José y María
Con un dios escondido
Nadie sabia.
A la huella, a la huella
José y María
Por las pampas heladas
Cardos y ortigas.
A la huella, a la huella
Cortando campo
No hay cobijo ni fonda
Sigan andando.
Florecita del campo,
Clavel del aire
Si ninguno te aloja
¿Adónde naces?
¿Donde naces, florcita?
Que estas creciendo,
Palomita asustada,
Grillo sin sueño.
A la huella, a la huella
José y María
Con un dios escondido
Nadie sabía.
A la huella, a la huella
Los peregrinos
Préstenme una tapera
Para mi niño.
A la huella, a la huella
Soles y lunas
Los ojitos de almendra
Piel de aceituna.
Ay burrito del campo
Ay buey barcino
Que mi niño ya viene,
Háganle sitio.
Un ranchito de quincha
Solo me ampara
Dos alientos amigos
La luna clara
A la huella, a la huella
José y María
Con un dios escondido
Nadie sabia.martes, 7 de octubre de 2014
Bienaventuranzas - Santo Tomás Moro
Bienaventuranzas
Felices los que saben reírse de sí mismos, porque no
terminarán nunca de divertirse.
Felices los que saben distinguir una montaña de una piedra,
porque se evitarán muchos inconvenientes.
Felices los que saben descansar y dormir sin buscarse excusas, porque llegarán a ser sabios.
Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas.
Felices los que saben descansar y dormir sin buscarse excusas, porque llegarán a ser sabios.
Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas.
Felices los que son lo bastante inteligentes como para no
tomarse en serio, porque serán apreciados por sus vecinos.
Felices los que están atentos a las exigencias de los demás sin sentirse indispensables, porque serán fuente de alegría.
Felices ustedes cuando sepan mirar seriamente las cosas pequeñas y tranquilamente las cosas importantes, porque llegarán lejos en la vida.
Felices ustedes cuando sepan apreciar una sonrisa y olvidar un desaire, porque vuestro camino estará lleno de sol.
Felices ustedes cuando sepan interpretar con benevolencia las actitudes de los demás, aún contra las apariencias: serán tomados por ingenuos, pero este es el precio de la caridad.
Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque evitarán muchas tonterías.
Felices ustedes, sobre todo, cuando sepan reconocer al Señor en todos los que encuentran, porque habrán encontrado la verdadera luz y la verdadera sabiduría.
Felices los que están atentos a las exigencias de los demás sin sentirse indispensables, porque serán fuente de alegría.
Felices ustedes cuando sepan mirar seriamente las cosas pequeñas y tranquilamente las cosas importantes, porque llegarán lejos en la vida.
Felices ustedes cuando sepan apreciar una sonrisa y olvidar un desaire, porque vuestro camino estará lleno de sol.
Felices ustedes cuando sepan interpretar con benevolencia las actitudes de los demás, aún contra las apariencias: serán tomados por ingenuos, pero este es el precio de la caridad.
Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque evitarán muchas tonterías.
Felices ustedes, sobre todo, cuando sepan reconocer al Señor en todos los que encuentran, porque habrán encontrado la verdadera luz y la verdadera sabiduría.
Santo Tomás Moro (1478-1535)
Tomás Moro
nació en Londres el 7 de febrero de 1478 y fue decapitado en la misma ciudad el
6 de julio de 1535. Laico, casado y padre de cuatro hijos, amigo de los franciscanos
y al parecer miembro de la
Tercera Orden Franciscana, humanista y jurista, escritor y
hombre de gobierno, por la coherencia con sus convicciones cristianas cayó en
desgracia del rey Enrique VIII al oponerse a sus pretensiones. Fue canonizado
por Pío XI en 1935, y Juan Pablo II lo proclamó patrono de los gobernantes y de
los políticos en el 2000.
miércoles, 7 de agosto de 2013
San Cayetano, ruega por nosotros.
Con Jesús y San Cayetano vamos al encuentro de los más necesitados
Card. Bergoglio en la Iglesia de San Cayetano
Liniers - Buenos Aires. 7 de agosto de 2012
Liniers - Buenos Aires. 7 de agosto de 2012
HIMNO A SAN CAYETANO
Padre glorioso San Cayetano
traigo en mis manos mi corazón,
con la esperanza y la
confianza
abro mi alma con mi oración.
Muéstrame siempre, San
Cayetano,
al Niño Dios, mi salvador,
que en su mirada vea el amor
y en sus bracitos paz y
unión.
San Cayetano, danos la paz
danos trabajo, danos el pan.
Siempre vivamos en alegría
en la justicia y en el amor
Cuando en mi alma sienta
tristeza
cuando en mi alma sienta
dolor,
dame paciencia, dame tu
fuerza
ayúdame, mi protector.
Siempre tú fuiste, San
Cayetano
desde el Cielo, mi protector,
nunca me olvides en esta vida
dame siempre tu bendición.
Mensaje del
Papa Francisco a los fieles de San Cayetano
http://www.youtube.com/watch?v=eje6Xt-FluM#at=72
miércoles, 19 de junio de 2013
De san Cipriano
san Cipriano
San Cipriano vivió en la segunda mitad del siglo III. Perteneció a la Iglesia africana de aquel entonces. Sobre él podés consultar en www.vatican.va la catequesis del miércoles 6 de junio de 2007 de Benedicto XVI.
Lo celebramos el 16 de setiembre. En el Oficio de lectura de hoy miércoles de la semana XI del tiempo ordinario, encontramos parte de su Tratado Sobre la oración del Señor y aquí comparto el último párrafo de esta la segunda lectura.
Miércoles de la Semana XI - De la feria
Oficio de Lectura - Segunda Lectura
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor.
Oficio de Lectura - Segunda Lectura
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor.
(Cap. 13-15: CSEL 3, 275-278) [Último párrafo]
La voluntad de Dios es la que
Cristo cumplió y enseñó. La humildad en la conducta, la firmeza en la fe, el
respeto en las palabras, la rectitud en las acciones, la misericordia en las
obras, la moderación en las costumbres; el no hacer agravio a los demás y
tolerar los que nos hacen a nosotros, el conservar la paz con nuestros
hermanos; el amar al Señor de todo corazón, amarlo en cuanto Padre, temerlo en
cuanto Dios; el no anteponer nada a Cristo, ya que él nada antepuso a nosotros;
el mantenernos inseparablemente unidos a su amor, el estar junto a su cruz con
fortaleza y confianza; y, cuando está en juego su nombre y su honor, el mostrar
en nuestras palabras la constancia de la fe que profesamos, en los tormentos la
confianza con que luchamos y en la muerte la paciencia que nos obtiene la
corona. Esto es querer ser coherederos de Cristo, esto es cumplir el precepto
de Dios y la voluntad del Padre.
domingo, 28 de abril de 2013
Valor y límites de la libertad
Del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia tomo tres números
sobre la libertad. Algunas sombras
que amenazan conculcarla se filtran en estos días en la vida de la Nación y pueden ser
disipadas a tiempo. Hay más sobre el tema en el Compendio que lo puedes
encontrar en http://www.vatican.va/archive/index_sp.htm
Valor y límites de la libertad
135 El hombre puede dirigirse hacia el bien sólo en la libertad, que Dios le ha dado como signo eminente de su imagen: «Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión (cf. Si 15,14), para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a éste, alcance la plena y bienaventurada perfección. La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa».
135 El hombre puede dirigirse hacia el bien sólo en la libertad, que Dios le ha dado como signo eminente de su imagen: «Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión (cf. Si 15,14), para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a éste, alcance la plena y bienaventurada perfección. La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa».
El hombre justamente aprecia
la libertad y la busca con pasión: justamente quiere —y debe—, formar y guiar
por su libre iniciativa su vida personal y social, asumiendo personalmente su
responsabilidad. La libertad, en efecto, no sólo permite al hombre cambiar
convenientemente el estado de las cosas exterior a él, sino que determina su
crecimiento como persona, mediante opciones conformes al bien verdadero: de
este modo, el hombre se genera a sí mismo, es padre de su propio ser y
construye el orden social.
136 La libertad no se opone a la dependencia creatural del hombre respecto a Dios. La Revelación enseña que el poder de determinar el bien y el mal no pertenece al hombre, sino sólo a Dios (cf. Gn 2,16-17). «El hombre es ciertamente libre, desde el momento en que puede comprender y acoger los mandamientos de Dios. Y posee una libertad muy amplia, porque puede comer “de cualquier árbol del jardín”. Pero esta libertad no es ilimitada: el hombre debe detenerse ante el “árbol de la ciencia del bien y del mal”, por estar llamado a aceptar la ley moral que Dios le da. En realidad, la libertad del hombre encuentra su verdadera y plena realización en esta aceptación».
137 El recto ejercicio de la libertad personal exige unas determinadas condiciones de orden económico, social, jurídico, político y cultural que son, «con demasiada frecuencia, desconocidas y violadas. Estas situaciones de ceguera y de injusticia gravan la vida moral y colocan tanto a los fuertes como a los débiles en la tentación de pecar contra la caridad. Al apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad, se encadena a sí mismo, rompe la fraternidad con sus semejantes y se rebela contra la verdad divina». La liberación de las injusticias promueve la libertad y la dignidad humana: no obstante, «ante todo, hay que apelar a las capacidades espirituales y morales de la persona y a la exigencia permanente de la conversión interior si se quieren obtener cambios económicos y sociales que estén verdaderamente al servicio del hombre».
136 La libertad no se opone a la dependencia creatural del hombre respecto a Dios. La Revelación enseña que el poder de determinar el bien y el mal no pertenece al hombre, sino sólo a Dios (cf. Gn 2,16-17). «El hombre es ciertamente libre, desde el momento en que puede comprender y acoger los mandamientos de Dios. Y posee una libertad muy amplia, porque puede comer “de cualquier árbol del jardín”. Pero esta libertad no es ilimitada: el hombre debe detenerse ante el “árbol de la ciencia del bien y del mal”, por estar llamado a aceptar la ley moral que Dios le da. En realidad, la libertad del hombre encuentra su verdadera y plena realización en esta aceptación».
137 El recto ejercicio de la libertad personal exige unas determinadas condiciones de orden económico, social, jurídico, político y cultural que son, «con demasiada frecuencia, desconocidas y violadas. Estas situaciones de ceguera y de injusticia gravan la vida moral y colocan tanto a los fuertes como a los débiles en la tentación de pecar contra la caridad. Al apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad, se encadena a sí mismo, rompe la fraternidad con sus semejantes y se rebela contra la verdad divina». La liberación de las injusticias promueve la libertad y la dignidad humana: no obstante, «ante todo, hay que apelar a las capacidades espirituales y morales de la persona y a la exigencia permanente de la conversión interior si se quieren obtener cambios económicos y sociales que estén verdaderamente al servicio del hombre».
sábado, 20 de abril de 2013
Elección del nuevo Mtro Gral franciscano
El Santo Padre Francisco, el
pasado 6 de abril, ha nombrado Secretario de la Congregación para los
Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica al Hno
José Rodriguez Carballo OFM, ahora nuestro ex Ministro General, elevándolo al
mismo tiempo a la sede titular de Belcastro, con la dignidad de Arzobispo.
Para el 21 y 22 de mayo
próximos fueron convocados, por el Vicario general Hno Michael Perry OFM y el
Definitorio general, frailes representantes de las Conferencias franciscanas
de los distintos continentes con el propósito de elegir un nuevo Ministro General
que prestará este alto servicio hasta el próximo Capítulo general. Para acompañar
ya desde ahora este discernimiento y elección, nos llegó la siguiente oración:
Oración por el Discernimiento y
Elección
de nuestro Nuevo Ministro General
de nuestro Nuevo Ministro General
Señor Jesucristo, tú nos llamas como llamaste a San Francisco de Asís a vivir fielmente el Evangelio en fraternidad, en misión y en el servicio a los pobres y marginados y en comunión con la Iglesia.
Tú designas hermanos, que siguiendo tu
ejemplo, ofrecen sus vidas en el servicio como Ministro general según tu propio
corazón, y a semejanza de Ti, entregándose ellos mismos en el amor.
Te damos gracias por nuestro hermano
José, nuestro ex Ministro general, por su fiel servicio a la Orden , a la Iglesia y al mundo.
Te pedimos, Señor Jesús que junto con el
Padre, envíes el Espíritu Santo sobre la Orden , de un modo especial durante este tiempo de
elección de un nuevo Ministro general. Acompaña el proceso de discernimiento y
la decisión de la fraternidad con tu sabiduría e inteligencia divinas.
Santísima Trinidad, da al nuevo Ministro
general a quien Tú ya has elegido, santidad y fortaleza para llevar a cabo el
ministerio y su misión.
Que tu Palabra reine suprema en su vida,
y que con cada una de sus palabras y acciones, pueda conducir la Orden a Ti que eres el Bien,
todo Bien, sumo Bien.
Continúa bendiciendo y guiando la Orden de los Frailes Menores
para que todo lo nuestro pueda cumplir tu santo y veraz mandamiento.
Que la Bienaventurada Virgen
María, Madre de Dios, interceda por nosotros.
Ahora y siempre. Amén.
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